Ver un cuadro de Edward Hopper (1882-1967) es como ver la nostalgia pintada en colores verdes, naranjas, azules. Es ver la luz instaurada en la reflexión de la soledad porque ¿qué tendría de especial una escena de un personaje en un café, en una gasolinera o en una habitación contemplando la nada aparentemente? Hay obras que podemos sentir que las escuchamos, un ejemplo claro sería El grito (1893) de Edvard Munch, en esta obra por la expresión y la técnica que usó el pintor podemos sentir ese alarido desesperado, sin embargo, en la obra de Hopper se puede escuchar el silencio. La posibilidad de esta paradoja en la obra del estadounidense es debido a la profundidad que le da a sus personajes protagonistas, sus miradas, sus posturas como en Morning sun, Automat o en Dos en las gradas.

 Escuchar el silencio deviene de la introspección. De alguna forma Hopper nos hace mirar no sólo la escena que nos está mostrando sino que nos hace mirar dentro de sus personajes, es una intromisión en su psique, es por tanto una pintura que nos hace a los espectadores una especie de voyeristas. A Edward Hopper por su pintura de escenas cotidianas se le catalogó como realista, no obstante, su manejo del color hace que esta etiqueta se desvanezca; su obra no está enmarcada en el fotorealismo más bien se encuentra en el plano de la representación, en este sentido la composición nítida y limpia que decide en cada cuadro, junto con el manejo de luz y los colores hacen que la obra salga justamente de este plano de realidad y nos conduzca a la memoria,  la nostalgia, esa nostalgia por lo no vivido, por la imposibilidad de la vida que dan las circunstancias. Hopper es el manejo excelso de las emociones a través de colores artificiosos y de una composición de un orden excesivo, la claridad de sus edificios, por ejemplo, pintados con los ángulos adecuados, nada sobra en la obra del pintor, todos los elementos están acomodados estratégicamente como en un set de filmación. Hopper se vuelve un observador de su entorno, en esta relación entre espectador, artista y obra él es el primero que observa, de ahí la importancia de las ventanas en sus cuadros. En Nighthawks donde podemos notar una especie de cafetería/bar desde una perspectiva que empieza de una esquina y que va en diagonal. En el lugar hay un cristal enorme, sin embargo, aunque sabemos que lo hay por los trazos, no hay una textura en el manchón de pintura y al no estar podemos observar toda la escena interna. Por lo tanto, son las personas dentro las que nos importan como espectadores, es esta relación con ellos mismos con la que se enfrenta el que mira desde fuera. El imaginario del espectador está en construir sus historias, si bien a Hopper se le ha relacionado con el cine por sus composiciones y manejo de la luz, también podemos decir que esta relación viene justamente de estas narrativas misteriosas que logra a través de sus personajes y sobre todo en cómo vuelve al espectador participe de la creación de las mismas.

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