Vivir la pintura

Vivir la pintura

Observo y me convierto en la protagonista. Siento el calor directo sobre mi cabeza y la ropa que se me pega al cuerpo por el agua y la sal. Es un gran día, sonrío mientras camino por la arena que parece no quemar mis pies. Mientras tanto él va tras de mí, con una sábana blanca y reluciente para secarme después de bañarme en las olas del mar.

Joaquín Sorolla (1863-1923) fue un pintor español que capturó la vida cotidiana de Valencia, España con los retratos que hacía al aire libre. En su obra este artista logró capturar la naturalidad de sus personajes, pero también una sensualidad espontánea que surgía del juego con la luz.

En este sentido, Sorolla se convirtió en un maestro en el uso de la iluminación como herramienta. Para lograrlo, el pintor exploró la incidencia que tiene la luz si se trabaja de uno u otro modo, manejándola a su conveniencia para cada discurso.

En su cuadro Después del baño (1908), el pintor retrata un escena común del Mar Mediterráneo. Una joven sale de bañarse, su ropa se ciñe a su cuerpo mojado, un joven intenta arroparla con una enorme sábana blanca, ella sonríe mientras se acomoda su blusón. Hay un erotismo ingenuo y sin embargo, no va más allá de la cotidianidad de la escena.

Sorolla juega con la luz, maneja la sombra y forma los pliegues que parecen tridimensionales, no obstante, para hacer uso de esta luminosidad trabaja también con el reflejo de la misma.

Es notorio el entendimiento que tiene el pintor de la naturaleza, pero sobre todo de la iluminación al servicio de la pintura y la capacidad de convertir un hecho usual en una escena hermosa que invita al espectador a sentir el momento, como si se estuviera en el instante justo en el que sucedió.

Los colores brillantes son un recurso que el artista utiliza para jugar con las sensaciones, si bien usa los blancos, azules y amarillos es interesante también observar cómo maneja los grises y los mezcla con los azules para darle vida al mar.

En el trabajo de este pintor existe una evocación directa a las sensaciones, más allá de la intelectualización de las ideas y es evidente el optimismo que esto produce en su pintura.

En la obra postimpresionista del español el manchón de pintura es una constante, estas pinceladas sugieren las formas que él busca y le dan ritmo.

Si bien parte de la obra de este artista español se basa en las escenas cotidianas al aire libre, esto se debe a los encargos propios de sus clientes, que denotan por la obra en sí la alta escala social a la que vendía su obra, pero también su ascenso en la misma, no es gratuito que en sus cuadros también el tipo de vestimenta sugiera la elegancia de los trajes que vestían las mujeres que retrató el pintor.

Joaquín Sorolla murió en 1923, después de vivir tres años con las consecuencias de haber sufrido una hemiplejia que lo llevó a no poder pintar.